EL COBRADOR RUBEM FONSECA PDF

Carvalho, Dentista. Como para partirse de risa. Tienen gracia estos tipos. Son cuatrocientos cruceiros. De risa.

Author:Kataur Nijas
Country:Uganda
Language:English (Spanish)
Genre:Education
Published (Last):6 June 2005
Pages:188
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ISBN:319-7-25761-461-6
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Carvalho, Dentista. Como para partirse de risa. Tienen gracia estos tipos. Son cuatrocientos cruceiros. De risa. Ni hablar, dije.

Que no tengo los cuatrocientos cruceiros. Mi pinta, un poco canija, envalentona a cierta gente. Tienen muchas que pagarme todos ellos. La calle abarrotada de gente. Un ciego pide limosna agitando una escudilla de aluminio con unas monedas. Le arreo una patada en la escudilla, el tintineo de las monedas me irrita. Me cabrean estos tipos que tiran de Mercedes. El iba vestido de blanco. Sangraba mucho, con una herida en el cuello, y llevaba ya el traje blanco todo manchado de rojo.

No, no, me dijo con esfuerzo, por favor. A ver, los treinta perejiles. Bien engrasadita, cargada. Era japonesa, me dijo. Dale, para que lo oiga. Lo puso. Se ve que tiene prisa el hombre. Con el machete voy a cortarle a alguien la cabeza de un solo tajo. Un golpe seco, y la cabeza del animal rodaba chorreando sangre.

La derribaron. Hasta la calle donde estaba la han derribado. Ella no entiende. Ahora se ha quedado dormida. Soy justo. La muerte del perista de Cruzada ni viene en las noticias.

Es como para morirse de risa. Quiero vivir mucho para tener tiempo de matarlos a todos. Desde la calle veo la fiesta en Vieira Souto, las mujeres con vestido de noche, los hombres de negro. Ando lentamente, de un lado a otro, por la calle; no quiero despertar sospechas y el machete lo llevo por dentro de la pernera, amarrado, no me deja andar bien. Parezco un lisiado, me siento como un lisiado. Haz lo que te diga o vais a morir los dos, dije. Hay gente que se cree que la vida es una fiesta.

Seguimos por el Recreio dos Bandeirantes hasta llegar a una playa desierta. Los faros iluminaban su cuerpo. Por donde yo paso, se derrite el asfalto. Una caja negra bajo el brazo. Digo, trabada la lengua, que soy el fontanero y que voy al apartamento doscientos uno.

Al portero le hace gracia mi lengua estropajosa y me manda subir. Soy el fontanero lengua normal ahora vengo a arreglar eso. Por la abertura, dos ojos: nadie ha llamado al fontanero. Debe de ser un error, dijo, no necesitamos al fontanero. El marido estaba trabajando, y el chiquillo, en la escuela. No me da la gana, dijo con la cabeza erguida.

No disparo. Salgo de la buarda de la calle del Vizconde de Maranguape. Un agujero en cada muela lleno de cera del Dr. En la playa todos somos iguales, nosotros los jodidos, y ellos. Me gusta la paliducha esa. Se despiden, y la blanca se va andando hacia Ipanema, el agua mojando sus pies. Cuerpo de bailarina. Me dan ganas de lamer su boca diente a diente.

Si, miento. De vuelta a la calle del Vizconde de Maranguape. Voy matando el tiempo hasta el momento de ir a casa de la paliducha. Se llama Ana. Me gusta Ana. Afilo el cuchillo en una piedra especial. Los cronistas de sociedad estaban consternados. Ha sido Dios quien te ha enviado, dice. Bueno, vamonos, le digo. Me pregunta si traigo coche. Le digo que no tengo coche. Bajamos por el ascensor de servicio y salimos en el garaje, entramos en un Puma descapotable.

Al cabo de un rato le pregunto si puedo conducir y cambiamos de sitio. Le digo que no tengo ni dinero ni hambre, pero ella tiene las dos cosas, come vorazmente, como si temiera que el cualquier momento viniesen a retirarle el plato. Odio a los ejecutivos. Mi vida no tiene sentido, hasta a veces he pensado en suicidarme, dice.

Paro en la calle del Vizconde de Maranguape. Salgo sin decir nada. Entro, y mientras subo las escaleras oigo el ruido del coche que se pone en marcha. Top Executive Club. Masajistas expertas. Mientras abre el coche le meto el revolver en la barriga. Estate quieto o te lleno de plomo esa barrigota ejecutiva. Bueno, usted es un hombre y sabe de estas cosas, dijo. Palabras de ejecutivo con chofer de taxi o ascensorista.

Desde Bazucada a la Dictadura, cree que se ha enfrentado ya con todas las situaciones de crisis. Empieza a ponerse del color del traje. Vamos a tu casa, le digo.

Le mando parar el coche. Puf, puf, puf, un tiro por cada hijo en el pecho. El de la mujer, en la cabeza. Me siento, sudoroso, a un lado del campo, junto a un mulato que lee O Dia. No me enfado. El tipo tiene pocos dientes, dos o tres retorcidos y oscuros. Digo, bueno, no vamos a pelearnos por eso.

Noticias del diario: Un grupo de peces gordos de la zona sue haciendo preparativos para el tradicional Baile de Navidad, Primer Grito del Carnaval. La Navidad se ha convertido en una fiesta. El Primer Grito de Carnaval. Cuarenta viejos mueren en el incendio de un asilo. Nunca llama nadie al timbre de la buhardilla. Yo hago las compras, arreglo la casa.

Hablamos en la calle. Subo con ella a la buhardilla.

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